Trabajan en Las Tunas para reducir los efectos de la desertificación y la sequía

desertificacion14La mala calidad de los suelos y la disminución de las precipitaciones desde hace varios años son los principales problemas que enfrenta la oriental provincia de Las Tunas, y contra los que luchan los especialistas de la Delegación provincial de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, CITMA.
Actualmente, más del 80 por ciento de los suelos del territorio presentan varios factores de degradación, entre los que sobresalen el mal drenaje, la erosión, salinidad, acidez y baja fertilidad natural,  que se agravan debido a malas prácticas agrícolas como la quema de residuos de cosecha, poca rotación de los cultivos, la tala indiscriminada de árboles y la escasa reforestación de las franjas hidrorreguladoras.
Para contrarrestar la situación, existe un programa de mejoramiento y restauración de suelos, el cual intenta incorporar nuevas tecnologías de labranza para alcanzar la sostenibilidad.
En cuanto a la sequía, la provincia, con apenas mil 38 milímetros cúbicos de lluvia anualmente, es la más seca del país, lo que exige  limitaciones al uso del agua y la necesidad de optimizar su empleo.
Algunos podrían alegar que este año ha llovido mucho, pero se trata de precipitaciones muy locales, fuera de las cuencas y embalses e insuficientes para revertir la sequía histórica de la región.
A ello se suman los altos índices de evaporación e infiltración, debido a que los suelos son muy arenosos, generalmente no ocurre el escurrimiento y toda el agua es absorbida por la tierra.
No obstante, si se sembraran más árboles y se aplicara un uso más racional de los recursos por parte de la población y las entidades del Estado, el agua que se almacena se aprovecharía mejor.
Un ejemplo positivo en ese sentido  es la labor que se realiza en el Polígono provincial de conservación y mejoramiento de los suelos, donde se aplican tecnologías agroecológicas que reducen la erosión,  elevan la calidad de los suelos y garantizan el aprovechamiento de agua.
El uso de barreras vivas, el surcado a contracorriente y los abonos orgánicos han permitido elevar la productividad de las tierras, a la vez que la siembra de árboles en las márgenes de ríos y canales contribuye a reducir la evaporación.
La lucha contra la desertificación y la sequía es  un reto para los tuneros, que deben interiorizar  que la salud de los suelos y la disponibilidad del agua depende esencialmente del uso inteligente que el hombre realice de esos recursos.
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